Gaticornios

lunes, 24 de noviembre de 2014

Lava [La Leyenda de los Volcanes] #5

Q U I N T A  E R U P C I Ó N:  E L  A N U N C I O


"oh, sólo por tan poco tiempo nos has prestado
el uno al otro, porque tomamos forma en tu acto
de dibujarnos.
y tomamos vida en tu acto de pintarnos,
y respiramos en tu acto de cantarnos.
pero sólo por tan poco tiempo nos has prestado el uno al otro."
-rezo azteca

Los meses pasaron en un borrón de dicha para Popocatépetl e Iztaccíhuatl. La magnitud de su influencia era tal que las personas que los observaban juntos eran repentinamente felices y supuestamente bendecidas, y brillaban como un par de estrellas, como un solo sol.
Con todo, la aldea estaba en su época de oro.
La noche era fresca mientras Popocatépetl se dirigía hacia la casa del cacique, que era ya como su propio hogar, enfundado en sus mejores galas.
No se sentía nervioso, pero a la vez sí. Era extraño.
Zyanya le abrió la puerta y él le agradeció, examinando el perímetro. La casa estaba demasiado silenciosa, la clase de silencio ominoso que te baja los ánimos de inmediato. Popocatépetl cruzó la sala, buscando señales de la presencia de Iz o su padre.
Una mano lo jaló al pasillo.
-Shh.-susurró Iztaccíhuatl-. Creo que algo ha sucedido.
La princesa se veía preocupada, su ceño fruncido en una mueca que él quiso borrar al momento. Se pegó a la pared a su lado, con el oído pegado a la piedra.
Susurros. El cacique y alguien más.
-¿Qué has escuchado hasta ahora?-le preguntó a Iz suavemente.
-Se acerca la fecha para el tributo al Imperio*.-respondió ella, todavía con la mueca de preocupación, frunciendo los labios-. El año pasado perdimos a 120. Papá está cansado.
Era la primera vez que la escuchaba decirle "papá" al cacique.
-¿Declaración de guerra?
-La acaban de enviar.-finalmente, ella suspiró. Se volteó y aferró al guerrero con todo su ser-. Irás a luchar, ¿no?
-Hey.-él le alzó el rostro, que había enterrado en su pecho, con delicadeza-. Cierto que son los aztecas, pero, ¿sabes? Nos tienen miedo. Nosotros preferimos la paz, pero sabemos luchar. Nos tienen miedo.
Ella se separó y lo miró con falsa severidad-o quizá no tan falsa. Su crisis había terminado.
-Más te vale salir vivo del asunto, ¿de acuerdo?-exigió.
Popocatépetl.
-¿Por ti? Lo que sea.
-Han estado escuchando.
El cacique estaba parado atrás de ellos, con una expresión inescrutable en su viejo y duro rostro.
-¿Me lo van a negar?-preguntó ante su silencio.
Iztaccíhuatl lo miró con gravedad, como si se hubiese enterado de una muerte.
-No pude evitar escucharlo. Pensé que él podría saber.
El cacique asintió, recostándose de hombros contra la pared.
-Sí, sí, eso está bien.-suspiró-. Popocatépetl. Liderarás el batallón.
-Sí, señor.
-Perfecto.-el cacique los pasó de largo y salió del pasillo-. A comer entonces.


La cena de esa noche fue la más silenciosa de todas sus vidas. Citlatépetl también fue invitado, y él, Popocatépetl y el cacique se la pasaron discutiendo estrategias al terminar el primer plato. Bajo la mesa, Iztaccíhuatl y Popocatépetl estaban tomados de las manos.
-Estarán esperándonos.-decía Citlatépetl-. Quizá un ataque sin previo aviso hubiera sido mejor.
-¿Y dónde está el honor en eso?
-Señor.-interrumpió Popocatépetl casualmente-. Si gano la guerra, ¿me permitiría casarme con su hija?
A Iztaccíhuatl le dio un ataque de tos, y el guerrero le dio palmaditas en la espalda amorosamente. Ella le miró, brillando en una hermosa sonrisa.
El cacique los estudió por unos momentos, mientras Citlatépetl los miraba oscuramente.
-Tenlo por seguro.-dijo al final.


*Esta historia se desarrolla en Tlaxcala, y los tlaxcaltecas eran los principales enemigos de Tenochtitlán, la sede del Imperio Azteca. Los tributos eran exigencias de los aztecas.

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tres partes y se acaba, ¡wiii! *danza feliz*
ya tengo otra historia basada en mito que escribir, esta vez hindú :3 
¡estoy muy emocionada!
-pao, *desapareciendo entre una cortina de humo*

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