Gaticornios

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Lava [La Leyenda de los Volcanes] #4


C U A R T A  E R U P C I Ó N:  L A S  H O R A S

"I X T L I,  Y O LL O T L I  Q U I T Q U I T I N E M I"
e l l o s  e m p i e z a n  a  t e n e r  u n a  c a r a,
u n  c o r a z ó n.
-dicho azteca.

Popocatépetl la vio por entre multitudes de gente, como si su mirada la hiubiera estado buscando todo el tiempo. Parada charlando, comiendo tacos con las manos como una más.

El guerrero intentó concentrarse en su propia comida, pero su mirada se seguía desviando.

-¡Popo, que se te cae el taco!
-¿Eh?

Agarró su comida antes que se estrellase contra el suelo.

La costumbre en esta clase de reuniones era rotar grupos, aunque muchos desobedecían esta regla y se quedaban sentados en el mismo. En las orillas de la plaza habían mantas con platos de tortillas, carne y chile, y entre taco y taco, Popocatépetl e Iztaccíhuatl se fueron acercando.

Cuando él se acercó a la mesa por un cuarto taco, la encontró preparándose uno como si llevara toda la vida haciéndolo.

-¿Cómo es que sabes preparar tacos?-le preguntó, iniciando el suyo propio-. No es comida del pipiltzin.*

-Psh.-ella guardó un recipiente de tortillas en un morral que iba colgando de su hombro-. La comida del pipiltzin es aburrida.

Popocatépetl se recostó contra la mesa, pausando antes de dar un bocado.

-¿Trajiste tú la comida?
-¿La mía? Sí. Ni modo que los dejara sin nada.-se encogió de hombros.

La multitud los absorvió de nuevo, y se encontraron de tanto en tanto. Casi como si fuese planeado, se lanzaban unas cuantas palabras entre sí antes de ser separados.

-¿Te parece hoy a las once?
-¡Vale!

Y así siguieron las horas. Cada día se encontraban una hora antes de la del anterior; hasta que las once se volvieron las diez, las diez las nueve y las nueve ocho hasta que ya no se pudo más.
Pronto, el ver a la princesa y el guerrero juntos dejó de ser una novedad, pronto fue tan natural como su existencia misma. Ni siquiera el sobreprotector cacique se oponía.

Esa vez la cita era a las cuatro, e Iztaccíhuatl iba hacia su punto en la montaña con toda la tranquilidad del mundo cuando escuchó un crunch tras ella. Crunch, crunch.
Se volteó. Nada.
Encogiéndose de hombros, siguió caminando. Encontró a Popocatépetl disparando flechas contra un árbol, y a lo largo de su cuerpo revolotearon águilas que la prendieron en fuego.

-¡Popo!-dejando su bolsa en el suelo, corrió hacia el guerrero y lo abrazó por detrás. Él dejó el arco y la abrazó de vuelta con una gran sonrisa en el rostro.

-Sí sabes que faltan más o menos treinta minutos para las cuatro, ¿no?-le preguntó.

Iztaccíhuatl lo miró y se sintió viva.

-¿Y los contaste?
-Quería ver si en verdad estabas tan impaciente por verme.
-Tú debes haberlo estado más para venir tan temprano.

era m á g i c a. la relación entre los dos era m á g i c a, y cualquiera podía notarlo.

Se pusieron manos a la obra unos minutos después. Popocatépetl intentaba hacerse el maestro estricto, pero a final de cuentas terminaba riéndose con Iztaccíhuatl por alguna broma y prohibiéndole disparar, no fuera a ser que la flecha se desviara.

-Tú no haces más que distraerte, ¿no?-le dijo a la princesa, atrayéndola hacia sí con suavidad e intentando parecer enojado.

Falló.

-Se supone que yo estoy aprendiendo, por lo que el que se distrae eres tú.- Iztaccíhuatl le dio un zape, y él atrapó su mano entre las propias.

Se escuchó un ruido.

Ambos se voltearon en la dirección de su origen, y el guerrero la soltó con delicadeza.

-¿Crees que haya...?

Popocatépetl se llevó un dedo a los labios y la silenció. Sacó un tecpatl y se acercó con sigilo al lugar de donde provenía el ruido. Apartó unas cuantas ramas y vio una figura alejarse a paso rápido.

Se echó a correr en un zas.

Iztaccíhuatl lo vio salir disparado y lo siguió, no sin antes pausar para tomar un tecpatl ella misma, entre los árboles. Mientras, Popocatépetl alcanzó al intruso y lo aplastó contra el suelo, abalanzándose sobre él. Lo jaló de la mitad no rapada del cabello para alzarle la cabeza, y exigió:

-¿Qué hacías ahí espiándonos?

La princesa se paró a su lado con la respiración agitada, pero en mejor condición física que la última vez que había hecho eso.

El intruso permaneció callado.

-Responde.

Iztaccíhuatl lo puyó con la punta del tecpatl para reforzar la orden de Popocatépetl, y el intruso alzó la cabeza con un gruñido. Ella se tragó la sorpresa.

-Quería ver qué tanto hacían.-dijo Citlatépetl, mirándola a los ojos-. Últimamente no haces más que estar con él.

-Eso no te da permiso para espiar.-dijo ella con sequedad.

La expresión de Popocatépetl gritaba incomodidad, y quizá un poco de molestia.

-¿Quién es él?-le preguntó. Luego se volvió al metiche con una mirada asesina.-Y tú no eres quién para andarte metiendo en los asuntos de la princesa.

-Es tan solo el hijo de un amigo de mi padre.-dijo la susodicha-. Se llama Citlatépetl.

-es mi asunto. En especial cuando se trata del combate, ¡podrías haberme pedido a mí que te enseñara!

Popocatépetl enterró la cabeza de Citlatépetl en la tierra sin casi darse cuenta de que lo hacía. El metiche se retorció como una serpiente en su agarre y él mostró piedad a regañadientes.

-¿Porqué no me pediste que te enseñara?-preguntó entre escupitajos de tierra.

Iztaccíhuatl se encogió de hombros, intercambiando una mirada con su guerrero.

No le había interesado el combate hasta que lo vio luchar a él.

*Pipiltzin: Gente de la nobleza.
___________________☺☺☺_____________________

¿saben de qué me he dado cuenta?



de que el nombre de pareja de popocatépetl e iztaccíhuatl sería izopo... *mueve cejas* IZOPO





lo sé, soy genial
-pao, riendo porque #lol


1 comentario:

Lia dijo...

Lia riendo porque #yolo XDXDXDD POPO QUE SE TE CAEN LOS TACOOOOS, LOS TACOOOS MIJOOOOOOXDXDXD
Que risa, en serio.
Besos